Querido ____________:
Ya creciste. Hace unos años me escribías con letra grande y dibujos, y me pedías juguetes que hoy te darían risa. Este año te dejo estas palabras junto a tu regalo, porque ya tienes edad para guardarlas.
Yo también tuve tu edad. Cuando tenía doce años, mis papás me buscaron tres días en Jerusalén, y me encontraron en el templo, escuchando a los maestros y haciéndoles preguntas. Por eso sé lo que es estar en la edad de las preguntas, cuando uno empieza a averiguar quién va a ser.
Este año pudo ser ruidoso: las clases, los amigos, un celular que nunca se calla, la sensación de que todos los demás ya lo tienen todo resuelto. No es así. Y tú tampoco tienes que tenerlo resuelto todavía.
Conozco tu nombre, ____________. Conozco lo que todos ven de ti y lo que te guardas. Conmigo no tienes que aparentar nada. Cuando me hables, aunque sea en silencio camino a clases, te voy a escuchar.
Esta Navidad, deja el celular un rato durante la cena y mira a tu familia. Te han visto crecer, y sienten por ti más orgullo del que te dicen. Y si alguien cerca de ti la está pasando mal, sé la persona que se da cuenta.
¡Feliz Navidad! Te quiero mucho, este año y siempre.
Con cariño, el Niño Dios
